"Dumit está dominado por la pasión de pintar, por la pasión de transfigurar en pintura su relación vital y entrañable con los seres y las cosas. Está ya en posesión de un lenguaje propio y de una calidad de ejecución que le permite encarnar su potencia de creación en obras que, por su autenticidad, trascienden las vanas y bizantinas discusiones sobre lo nacional y lo foráneo en el arte. Sus cuadros, como en la serie que denomina Hiro-cuadros, nos muestran en un espacio que se dilata hasta lo cósmico, formas cargadas de sentido, trituradas, retorcidas que emergen en relieve, que estallan y nos conmueven por su violento expresionismo. Otras veces, éstas estructuras parecen gemas o cristales que flotan sobre un fondo de resplandores rosados, verdosos o grises, extraños y poéticos. En la serie que llama la Noche Verde, alcanza el misterio y el secreto de la noche tucumana, en las pinceladas verdes que afloran de las tinieblas y que cantan el himno de Novalis. Las imágenes de Dumit se imponen por su evidencia, por su vitalidad, por su magistral organización."
Edmundo Concha (1966)
"Ernesto Dumit nos impresionó por la seguridad de su planteo compositivo y por el aliento vigoroso de sus abstracciones. Sus formas que oscilan entre expresionismo y surrealismo están dotadas de dinámica especial, como si trabajase desde un potente dínamo interior. Cuando emplea el color, Dumit gusta del empleo del blanco que casi llega a localizarse dándole sabor óseo a cada una de sus formas. En el plano o el relieve parece condensarse una energía vital que señala a éste artista como un muralista nato."
Rafael Esquirru- Diario Clarín- 26/9/1971
"Galardonado con todos los premios de la provincia de Tucumán, el Gran Premio de Honor 1981 es justicieramente un reconocimiento a una labor creadora excepcional. Técnico puro, maneja el color y las formas en toda su intensidad, haciendo vibrar de emoción al espectador entendido o no, en la majestuosa plenitud de sus formas. La máxima distinción que le fuera acordada es una justa e indiscutible retribución a sus dotes de gran artista, honesto, humilde en su grandeza de creador incansable."
Lic. Lucrecia Rósemberg Moeremans (1981)
"Un espíritu dramático anima su pintura. Su libertad conceptual y sus imágenes evocan las aventuras imaginativas y la intensidad inquietante de cierto expresionismo."
Córdova Iturburu (1981) 80 Años de Pintura Argentina. "Rehabilitación de la pintura y la imagen" Cap.XVI presentaciones:
"Las Palabras están de más. Ernesto Dumit muestra su mundo. Abre la inmensidad de su espíritu, choca, muerde, insulta, gime, ríe, sufre, pide y da, pintando, siempre pintando. En éstas témperas, en éstos óleos, en éstos grabados, en éstas dimensiones hay una verdad mayor que pesa como un grito sobre la "Ingle Pública", como diría Cesar Vallejo. Y todo es para el hombre-pueblo, para ese "Que construye / parado en su andamiaje / de sangre interminable". Pero vendrán las bocas ilustres con sus remilgos a encontrar influencias, a escupir imposturas y solapadas maldades. Carajo, señores! Nada de eso! Basta ya con la mordacidad, con el desprecio y la desconfianza en la juventud. Basta ya con el miedo de los literatos de la impudicia. Siempre y terca, mundial y afectiva, insulto y lágrima, pan y sexo, alegre y mortal, ésa es la verdad mayor de Dumit. Esa verdad que amanece a través de un lenguaje que él maneja con soltura de creador: La pintura."
Oscar Ramón Quiroga (1967)
"Toda gran obra artística, tiene la particularidad, en cualquiera de sus diferentes manifestaciones, de acceder a distintos niveles de interpretación. La obra de Ernesto Dumit, no es una excepción a esta regla. Y se trata de saber, más o menos, en estas breves líneas cómo se arriba a semejante conclusión. A través de la multiplicidad de imágenes y de la variedad temática que va creciendo paulatinamente, se allana la búsqueda de una unidad estética que va a traducirse en una llamativa universalidad. Según palabras del propio pintor, lo que se busca en estos cuadros es atraer la mirada del prójimo y obligarlo a que mire una y otra vez ese alucinante desfile de imágenes. Porque la vida, dice Dumit, entre otras cosas es un flujo inagotable de imágenes permanentes o fugitivas según la sensibilidad o el estado de ánimo de quien se trate, ya sea un artista o el más humilde de los mortales. Entonces la identificación de la vida con el arte surge nítida, o viceversa si se quiere, dando lugar a un elemental orden de prioridades. Así es como la caudalosa, densa y controvertida obra de éste singular artista tucumano viene a instaurar una suerte de épica de la imagen. En el sentido de que es ella la que prevalece por encima de todas las cosas, a veces o casi siempre, independientemente de su significado consciente, creando de ésa imagen una imaginería del inconsciente que brilla con luz propia en todas y en cada una de sus creaciones. Pero aparte también por la composición, distribución y construcción de las imágenes que generan una dinámica y una densidad irreductibles, lo que hace a su vez que cada cuadro sea un peculiar microcosmos que funciona con leyes propias. No es nuestra intención entrar a etiquetar y a rotular la obra de Dumit que por otra parte no se ajusta fácilmente a los moldes ni a los encasillamientos que son habituales en estos casos. Dejamos ésa tarea a los críticos de arte o a los psicoanalistas que son más expertos en éstas lides. Mejor es atenerse a las palabras del artista cuando dice que en su relación con la pintura, desde los 30 a los 50 años cada uno busca la creación de la obra de arte y después se aboca con afán, con delirio, con grandeza a la búsqueda de la obra maestra que venga a coronar su esfuerzo creador. Puede decirse, sin temor a exagerar, que el afán y el delirio están puestos con creces en éstas telas expuestas. Nadie que no sea un ciego, puede dejar de observar ésta deslumbrante procesión de imágenes alucinada y alucinante, que pone en juego una particular fantasmática donde se revela todo el terror y el horror de la existencia. El terror que viene de afuera y que siempre acecha al hombre desde tiempos inmemoriales y el horror que surge de adentro como una huella metafísica que deja al descubierto la condición trágica de la vida. Sin embargo, a pesar de las apariencias, la obra de Dumit no es depresiva. Ni siquiera se puede apreciar que influya negativamente en el ánimo de quien la contempla. Ello se debe a la inefabilidad de la obra artística que sublima hacia un nivel superior de verdad y belleza todas las imágenes por más terribles y trágicas que sean. Mucho más en éste caso donde la universalidad y la modernidad de la obra expuesta involucran un compromiso esencial con el ser humano y su aventura vital sobre la tierra. Y en cuanto a la grandeza... Bueno, con respecto a eso, se puede decir que Dumit, como todo verdadero creador, libra todos los días un combate incesante con ella. Y no se puede afirmar que en esa dura batalla haya vencedores vencidos. Así como tampoco es necesario tener la certeza de ser un profeta en su tierra. Para acceder a la conciencia de la grandeza y la validez de su propia obra y del destino que lo impulsa a uno, a proseguirla inevitablemente hasta el final.
Francisco Galíndez
Estamos frente a la obra de uno de los más importantes hombres de la pintura nacional. Por encima de toda discusión, y como diría nuestro inolvidable amigo Edmundo Concha "Las imágenes de Dumit se imponen por su evidencia, por su vitalidad, por su magistral organización". Nada más cierto para intentar una definición de la pintura que hoy puebla éste ámbito. yo diría que la pintura de Dumit es conflictiva en su óptica de los seres y las cosas. Es como si los valores permanentes del hombre estuvieran sometidos a juicio y expuestos en una dialéctica que nos obliga a la reflexión. Frente a éstos cuadros no se puede permanecer indiferente. Nadie puede permanecer indiferente. No es pintura para pusilánimes. es el vigor organizado, la mirada penetrante y acusadora que un auténtico protagonista de la realidad nos tira al rostro para ponernos a prueba frente a nuestros propios principios. Es la hondura del alma transfigurada en poesía a veces áspera y dolorosa y a veces tierna como una caricia definitiva. Todo está distanciado expresamente para que reconozcamos la realidad, para que volvamos a pensar en ella, a dolernos de ella. Nosotros que estamos acostumbrados al olvido, que hemos hecho de nuestros padecimientos una cosa común y hasta superflua, enfrentados a ésta pintura no tenemos escapatoria: o aceptamos que ella nos compulse a amar la libertad como un acto de compromiso con la vida, o la rechazamos porque en algún rincón del alma anida el miedo. En el arte nada es casual, sigilosa o abiertamente la verdad nos penetra como un tierno estilete para hacernos más grandes, más humanos, más cósmicos. Esta pintura da testimonio de ello. Y con el corazón alborozado yo saludo su presencia en ésta casa. Muchas gracias.
Oscar Quiroga, 1987. |